En medio del resplandeciente calor y los rápidos vientos, el dispensario AMREF AIC de Naanam continúa con las puertas abiertas a la comunidad Nanaam del distrito Norte de Turkana. Compuesto de una sala básica para los exámenes médicos, farmacia, y una sala pobremente equipada para dispensar, el dispensario de Nanaam es el único en un radio de 50 Kilómetros. Se pueden oír murmullos de niños mientras sus madres hacen cola en la galería para que los pesen. Los bebés nos miran detenidamente desde los brazos seguros de sus madres.
La instalación sólo tiene una enfermera, y un paciente que hace de guarda. Éste es el primer punto de referencia para una población de 3000 personas, cuando la migración ya ha empezado, y para 7000 personas cuando todos vuelvan de buscar pastos. Debido a la falta crónica de agua, enfermedades relacionadas con la diarrea y la malnutrición son comunes. Los medicamentos son surtidos por AMREF, y dispensados a la gente.
La enfermera y su equipo de trabajadores sanitarios de la comunidad tienen una dedicación admirable a su trabajo, a pesar del duro ambiente. Sin ningún medio de transporte, caminan distancias inconcebibles bajo el sol abrasador, a merced de los animales salvajes muy a menudo. Lydia, la enfermera a disposición a cualquier hora y día de la semana, cuenta cómo le mordió una serpiente cuando iba al dispensario desde un barrio próximo en la noche. Aún cuando los días son muy largos, Lydia se ve obligada a quedarse hasta la noche en el dispensario.
En esta parte del mundo no ha habido una lluvia propiamente dicha durante los cuatro últimos años, como resultado de una degradación severa del medio ambiente y del cambio climático. Las consecuencias han sido catastróficas para la población, y un gran impedimento para el desarrollo de la salud. Mientras la gente busca agua de forma incansable, la supervivencia es de suma importancia, y cuando encuentran un poco la consumen, tanto la población como el ganado, aunque no esté limpia, con lo cual se perpetúa el ciclo de malnutrición que da lugar a las enfermedades. El ganado, que es su único pilar socio-económico, ha sucumbido a millares, y se pueden ver cuerpos de animales muertos a lo largo del río seco que lo testifican. Es una situación de vida o muerte según Jared Oule, el Responsable del Proyecto de Salud Integrada de Turkana. Reitera que la población de Turkana debe disponer de una buena educación sanitaria para que haya algún cambio que valga la pena en sus vidas.
La comunidad depende en gran medida de las raciones de comida del gobierno, que constan de maíz, judías y aceite, entre 2 y 10 Kilos al mes según el número de personas que haya en la familia. Pero estas raciones son insuficientes, con lo cual la gente debe sobrevivir hasta la siguiente entrega a base de frutos silvestres, que deben hervirse durante 24 horas para que sean comestibles.
La dura sequía ha conducido a la gente de Turkana a ocupar la población vecina de Toposa, en Sudán, en su búsqueda de pastos para sus animales. Como resultado hay un clima muy poco seguro en la zona. “La pasada noche hubo varios asaltos al ganado, y tres de nuestros hombres fueron asesinados por los Toposa” dice Peter Longao. “Los Toposa están armados y acabarán con nosotros. Porque no nos da el gobierno balas para que podamos defendernos” se lamenta otro Turkana de más edad. El hecho de ver a los hombres jóvenes llevar armas es algo habitual.
La educación continúa siendo un espejismo para los Turkana, debido a las normas culturales retrógradas tales como los matrimonios tempranos y la inseguridad que hay desde hace mucho tiempo entre otros. Por ejemplo, en Naanam sólo hay una escuela, a la cual acuden el 20% de los niños en edad escolar, situación que se da en todo el territorio.
Para los Turkana el agua es un asunto de vida o muerte, y a menos que se solucione no se podrá poner fin a otros problemas críticos como la sequía, la inseguridad o la falta de educación, con los que se enfrenta la comunidad.
El destino de esta gente pende de una balanza. Por un lado, el gobierno no puede asumir una posición de dejar hacer mientras el pueblo Tukana sufre. Por otro, es necesario que haya un cambio radical en cómo este pueblo conduce su vida. Pero, ¿están los Turkana preparados para el cambio?, ¿están preparados para adoptar un estilo de vida sedentario, y que gradualmente puedan llevar a cabo actividades con el ganado? “Nuestra esperanza está en el gobierno. Si nos ayudan con el agua, entonces podremos regar la tierra”. ¿El gobierno se comprometerá a volcarse y sacar de la marginación a los Turkana? ¿Quieren realmente invertir allí? Esto queda por ver.
Mientras tanto, los Turkana están acosados en todos los frentes, un pueblo olvidado en el tiempo. Su situación es desoladora y masiva; AMREF y algunos otros están ayudando, pero no lo pueden hacer solos. Hay una gran necesidad de socios que se junten con AMREF y el resto para apoyar al gobierno en hacer que el pueblo Turkana pueda ponerse al día… salud, comida, seguridad y necesidades básicas.