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Cuerno de África: soluciones a largo plazo para reducir impacto de hambrunas en la salud de las comunidades.


Por la Dra. Teguest Guerma - Directora General de AMREF Internacional


La alarmante crisis que se está desarrollando en el cuerno de África, como resultado de una de las peores hambrunas que la región ha experimentado en los últimos tiempos, es un asunto de gran preocupación para todos los que trabajamos en el sector humanitario, tanto a nivel mundial como local. Las organizaciones humanitarias han comenzado a movilizar los suministros de alimentos de emergencia para aliviar el sufrimiento de la enorme población afectada por la catástrofe, que se estima por las Naciones Unidas será de 11 millones de personas.

 Después de trabajar con las personas más pobres y vulnerables en el continente, AMREF es muy consciente del impacto de la sequía y el hambre en las comunidades con las que trabajamos en los países afectados. AMREF ha detectado un importante aumento de la malnutrición entre las mujeres y los niños, así como de enfermedades diarreicas y sarampión, debido principalmente a la escasez de alimentos creciente en estas comunidades.

 En Kenia, la situación en las regiones áridas del norte y del este ha alcanzado el nivel de emergencia de crisis, mientras que las zonas más marginales de las regiones sur-orientales y costeras se enfrentan a la escasez de alimentos, afectando a cerca de 3,5 millones de personas. El aumento de la inflación también ha dejado un gran número de personas en asentamientos urbanos de Kenia sin posibilidad de adquirir alimentos. En Etiopía, 4 millones de personas necesitan ayuda alimentaria, principalmente en las regiones de Somalia, Tigray, Oromia y Amhara. Los campamentos de refugiados de Dadaab y Kakuma, situados en el norte de Kenia, son el hogar de cerca de 500.000 somalíes, y se estima que más de 1.500 refugiados (según las estimaciones del Gobierno) cruzan diariamente la frontera para escapar del hambre y la inseguridad en su país.

 Los mayores efectos de la hambruna en estas poblaciones son la desnutrición, el empobrecimiento y la pérdida de vidas. AMREF también está preocupado por los efectos de la hambruna en las poblaciones que ya son vulnerables. Niños y mujeres embarazadas son muy susceptibles a la desnutrición y la diarrea, por lo que la atención médica es fundamental. Personas que viven con el VIH y la tuberculosis necesitan del apoyo nutricional para que su tratamiento resulte eficaz. Al emigrar para escapar del hambre, se alejan de sus centros de salud habituales, y probablemente del tratamiento del VIH y la tuberculosis. Además, el hacinamiento en lugares como los campos de refugiados aumenta el riesgo de propagación de la tuberculosis y otras enfermedades infecciosas. Los niños están abandonando la escuela para unirse a sus padres en la búsqueda de alimento, las niñas suelen ser las primeras en abandonar las aulas, y como consecuencia, nos encontramos con su pronta incorporación a mantener relaciones sexuales o a contraer matrimonios en edad temprana como un medio de supervivencia, revirtiendo los avances logrados en materia de salud reproductiva.

 Es evidente que el hambre seguirá teniendo consecuencias en la salud de las comunidades mucho después de que la escasez de alimentos haya terminado. Así, mientras que la ayuda de emergencia y otras medidas a corto plazo son importantes en la estabilización de las comunidades y asegurar una mínima pérdida de vidas en el presente, AMREF está dispuesto a establecer estrategias a largo plazo para reducir la vulnerabilidad de las comunidades cada vez más frecuentes y graves relacionados con el medio ambiente. Esto sólo puede hacerse efectivo y sostenible mediante el fortalecimiento de capacidades de las comunidades, así como ayudando a establecer o fortalecer las estructuras y sistemas que minimicen los efectos del hambre, especialmente en la salud.

 Con más de 50 años de trabajo con las comunidades más remotas y marginadas de África, AMREF cuenta con amplia experiencia y conocimiento de los problemas locales y los recursos, y como tal es capaz de dirigir las estrategias regionales de prevención y de mitigación. Ya hemos intensificado las actividades para aumentar el acceso al agua potable y de saneamiento para las comunidades afectadas por el hambre, a fin de evitar brotes de enfermedades como el cólera y la diarrea, que sólo aumentaría el sufrimiento. AMREF, con sus equipos médicos de extensión (Outreach Programme) también se está centrando en el tratamiento de la desnutrición y la diarrea en los campamentos de refugiados en el norte de Kenia.


Sin embargo, mucho queda por hacer. En el medio plazo, AMREF aplicará medidas para abordar la desnutrición crónica, sanear el agua potable inadecuada, reducir la falta de higiene y prevenir las enfermedades relacionadas. A más largo plazo, queremos contribuir a mejorar la salud y la sostenibilidad de las comunidades y, en última instancia, su calidad de vida, en colaboración con gobiernos y otros asociados. AMREF ha observado que, en las áreas donde desarrollamos programas relativos al agua potable e higiene, salud materno-infantil y el VIH, las comunidades están mejor preparadas para hacer frente a situaciones de sequía en comparación con las zonas donde no hay intervenciones.

 Desde AMREF no podemos hacer esto solos. Por eso, necesitamos el apoyo de la comunidad internacional para elevar los $ 5 millones de EE.UU. para garantizar el mínimo impacto negativo en la salud y el hambre en el corto plazo, y para asegurar que las personas que están sufriendo la peor parte de la hambruna sean más capaces de enfrentar sus terribles consecuencias a medio plazo.

 

Dra. Teguest Guerma

Directora General

AMREF

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