14
Oct

“Con el equipamiento de lavado de manos de Amref, mi vida se dignificó”

Esta es la historia de Muntere Lentumanai, beneficiaria del proyecto de Acceso al agua y nutrición en Samburu financiado por la Junta de Castilla y León. Gracias al proyecto, se han instalado 8 tanques de agua de 5.000 litros comunitarios y 10 de 1.000 litros para casos individuales, como el de Muntere. Además de instalar 40 leaky tins (cubos para el lavado de manos) en diferentes instituciones y hogares de la región y crear dos pozos y un manantial para canalizar agua de fuentes ya existentes, que llegan directamente a 12.500 personas.

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Hasta que no tuve la madurez para entender mi problema, siempre me había sentido inferior, sucia. Cuando tenía 4 años una enfermedad me dejó paralizada de cintura para abajo y afectó a mi dicción. No sabía qué dolencia tenía. Mi familia no se fiaban de los hospitales, así que aceptaron mi cambio y la vida continuó. Me pongo triste cuando recuerdo esos días: los Samburu, mi etnia, son pastores semi-nomadas, pero tener un hijo con discapacidad les frenaba en la búsqueda de nuevas zonas de pasto. Sentía que les había forzado a cambiar su estilo de vida, y eso me hacía sentir muy responsable.

La región de Samburu, donde vivo, es seca y árida, y al no tener acceso al agua directa en casa mis manos, que yo usaba para caminar, estaban siempre sucias. Después de un tiempo, mis palmas se endurecieron.

Cuando me casé y tuve hijos, me vi obligada a mandarles, desde muy pequeños, a que recogiesen agua a pozos lejanos, ya que no podía hacerlo yo, exponiéndoles a peligros y sintiéndome responsable por ello. Preparaba la comida para mi familia pero tanto mi marido como mis hijos solían enfermar del estómago con frecuencia, debido a que mis manos estaban sucias y no me las lavaba para cocinar. Sospechaba que era por eso y me sentía muy culpable por ello.

 

Así era mi vida hasta que Joseph Rviaje-kenia-oct-2015-044otich, un trabajador de Amref en Kenia vino a mi casa, escuchó mi historia y me dijo que me ayudaría. Al principio no le creí, pero para misorpresa, unas semanas más tarde volvió e instaló un cubo para lavado de manos dentro de mi manyatta (tipo de casa donde viven los samburu) y un depósito para que pudiera acceder al agua siempre que quisiera. Pusieron un grifo en el tanque, así que podía lavar mis manos directamente. Además, me ayudaron a ser más sociable con mis vecinos, a conocerles mejor. Ellos vienen ahora a mi casa, me hacen compañía y me ayudan a llenar el tanque cuando lo necesito.

 

No me falta ya agua para lavarme las manos. Pero como muy pocas veces tengo acceso a jabón, uso cenizas para asegurarme que mis manos están limpias. Para muchos, mi historia es agridulce, ya que mis condiciones físicas no han cambiado. Pero, para mi, Amref ha cambiado mi vida. Sí, todavía camino con las manos, pero al menos puedo preparar comida para mis hijos sin miedo a que ellos enfermen por la suciedad. Mis hijos ya no tienen diarrea y han aprendido la importancia del lavado de manos, ya no estoy deprimida ya que tengo la motivación de poder cuidar mejor de mi familia. No me siento inferior: soy una buena madre y una buena esposa.

Ahora tengo un pequeño corral en el jardín, que saco adelante yo sola. A veces mis vecinos vienen a ayudarme y, mientras trabajamos, me cuentan los últimos chismorreos de los alrededores. Ya no le tengo miedo al suelo y a trabajar en el jardín, porque sé que, cuando acabe, me puedo lavar y mis manos volverán a estar limpias.”

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