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May

Margaret: escoger entre comprar comida o una mascarilla.

Es difícil vivir en uno de los barrios marginales más grandes de África. Es aún más difícil vivir con una pandemia de coronavirus en un asentamiento informal.

El 13 de marzo se declaró oficialmente el primer caso de COVID-19 en Kenia. Un punto de inflexión para muchas familias. Margaret Achuongo, de 26 años y madre de cuatro hijos residente en Kibera, uno de los asentamientos informales más grande de África, nota las consecuencias económicas de la pandemia mientras se protege de una enfermedad altamente contagiosa.

Margaret, vendedora de alimentos, y su familia han tenido que ajustar drásticamente sus vidas. Explica que las personas ya no compran su comida porque desconfían del virus y las restricciones de movimiento impuestas para evitar la propagación del virus tampoco ayudan.

“Con el confinamiento, tenemos que cerrar nuestro negocio muy temprano. Mi esposo es soldador y su trabajo también se ha visto muy afectado. Con el cierre de las escuelas, nuestros hijos están en casa. ¡Es difícil!»

A Margaret le gustaría que cada miembro de su familia tuviera una mascarilla, pero no se puede permitir comprarlas.  “A veces, solo tengo 50 Kenyan Shilings (algo más de 40 céntimos) y no tengo comida. Elijo comprar verduras antes que una mascarilla”, dice.

A pesar de todos estos obstáculos, todos los días, Margaret se asegura de que su familia mantenga una higiene básica de lavado de manos con agua y jabón. “¡No tengo opción! Tengo que proteger a mi familia y matar el virus, me aseguro de que mis hijos se laven las manos con frecuencia”, confirma.

-Una agente de salud de Amref en un hogar en Kibera-

Aun así, para muchas familias que viven en Kibera, el agua limpia es un lujo.

Además, la Organización Mundial de la Salud recomienda una distancia de seguridad mínima de 1 metro entre personas. Margaret vive con su familia en una habitación pequeña, donde es casi imposible practicar las medidas de distanciamiento social o autoaislamiento cuando uno de los miembros de la familia tiene síntomas.

Sin embargo, hay un rayo de esperanza. En el centro de salud que Amref tiene en Kibera, Margaret recibe controles sanitarios e información de prevención para la propagación y la infección por el virus.

“En este hospital he recibido mucha información útil sobre el coronavirus. Antes de entrar en las instalaciones, debemos lavarnos las manos con agua y jabón”, dice en la sala de espera, mientras aguarda turno para que su hijo reciba un chequeo médico.

«Los agentes de salud también nos recomiendan usar un desinfectante en ausencia de agua y jabón».

Incluso durante la pandemia, Margaret se ha asegurado de que su bebé de dos meses, Gael Gayo, no pierda ninguna vacuna. “¡Mi bebé está muy saludable! Siempre me ha encantado este hospital y he dado a luz a todos mis hijos aquí”, confirma. «Realmente cuidan bien de los pacientes», agrega.

A pesar de enfrentar desafíos, Margaret se mantiene esperanzada. «Sé que si seguimos los consejos de los trabajadores sanitarios, estaremos a salvo».

Para Margaret y su familia, lo único que le hace falta al hospital es que entreguen mascarillas gratuitas.


NOTA: Esta historia ha sido originalmente publicada en la web de Amref Global en inglés.  Está traducida y adaptada por Amref España

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