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Ene

Luchando contra la malaria en las comunidades

Una larga cola de pacientes, la mayoría madres y mujeres en edad reproductiva, esperan en el dispensario Mawere (Kenia). En el mostrador se sienta Leah Atieno Midega, una mujer de 42 años, madre de seis hijos y trabajadora comunitaria. Leah muestra su título con cariño y orgullo. Ha servido a su comunidad durante 11 años.

Cuando está de servicio, realiza reconocimientos sanitarios básicos: toma el peso o la temperatura y hace pruebas rápidas de malaria antes de que los pacientes pasen una evaluación más completa por parte de la enfermera encargada.


Leah cree que la sensibilización es esencial. Y, desde que el Global Fund Malaria Project le dio la formación adecuada (identificar síntomas de malaria, realizar el test de diagnóstico rápido y tratar casos leves de la enfermedad), realiza estas tareas con la seguridad propia de quién sabe lo que hace. Actualmente se encuentra a cargo de la aldea de Haila, que tiene 127 casas.

“Con estas formaciones ahora puedo realizar actividades sanitarias como el tratamiento de la malaria y otras dolencias e impulsar métodos preventivos para la malaria. También movilizo a las comunidades para que se vacunen y adquieran hábitos sanitarios básicos”, dice. Como trabajadora sanitaria comunitaria, Leah controla y clasifica los casos de enfermedad y aconseja a la comunidad en el uso de medicamentos y nutrición.

“Una de las cosas que me hacen sentir orgullosa es haber salvado la vida de un bebé de cuatro meses al derivarle al centro de salud”, dice Leah. “Los médicos me dijeron que habría muerto si no hubiese llegado a tiempo a las instalaciones sanitarias.”

Aunque tiene una buena influencia en su comunidad, Leah ha pasado por algunas dificultades, especialmente cuando ha intentado convencer a todos sobre la importancia de la instalación de mosquiteras.  “Al principio, algunos se negaban a usar mosquiteras y la mayoría las usaban mal. Algunos de mis vecinos me decían que no había necesidad de usar mosquiteras porque no veían mosquitos en sus habitaciones. Pero gracias a mis frecuentes visitas, les pude convencer”, cuenta mientras sonríe.

Estas intervenciones han tenido éxito gracias al Ministerio de Salud de Kenia (a través de la unidad de control de Malaria), el Ministerio de Educación de Kenia y  las administraciones locales.

 

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